Dónde nace el alfajor

En Argentina lleva una tradición de más de 130 años.

El alfajor no es argentino. El alfajor al igual que el turrón, el almíbar o mazapán es un invento culinario antiquísimo, de origen árabe y tradicionalmente echo a base de una pasta de almendras, nueces y miel.

El alfajor se introdujo en España hacia el siglo VIII (año 711), cuando se produjo en España la caída de los visigodos, cuyo último rey Rodrigo, fue derrotado por los árabes. A partir de entonces, la influencia arábiga marcó durante siglos el desarrollo de la cultura española, que entre otras costumbres, adoptó la pastelería típica (existe todavía hoy en Medina de Sidonia, en la provincia de Andalucía, una Agrupación de Productores de Alfajores que conserva la secreta y antigua receta original, legada de padres a hijos a titulo de mayorazgo.



 

En los siglos posteriores, y con la conquista española de nuevos puertos, la divulgación de recetas milenarias tomó rumbo propio.

Se cree que con la llegada de los españoles a América el alfajor fue introducido por comunidades religiosas de misioneros y evangelizadores. En Argentina fue desconocido el significado de la palabra alfajor hasta bien entrado el siglo XIX.
Era una tradición en la Córdoba española: en conventos y casas religiosas del siglo XVIII donde se preparaban, entre otras exquisiteces una artesanía formada por dos bizcochos cuadrados, unidos entre sí por dulce de leche, cubiertos por un vidriado de azúcar llamado tableta.

El pionero del alfajor en Argentina fue, hacia 1869, don Augusto Chammás (químico francés arribado en 1840), quien inauguró una pequeña industria familiar dedicada a la confección de dulces y confituras. Fue idea de este hacer una tableta, que en vez rectangular, fuera redonda. Así empezó a comercializarse esta golosina con el nombre de alfajor.